Cuando el consumo deja de ser elección individual y se vuelve una forma de resistencia cotidiana
Hay una idea que circula cada vez más:
“consumir menos”.
Pero dicha así, suena liviana.
Suena a consejo personal, a gesto individual, a elección íntima.
Y no lo es.
Porque hoy no comprar más —o no comprar como antes— no ocurre en el vacío.
Ocurre en un contexto donde la plata no alcanza, donde el tiempo no alcanza, donde el cuerpo no alcanza, y donde el mercado responde a esa falta con una sola estrategia: acelerar.
Acelerar la producción.
Acelerar la oferta.
Acelerar el descarte.
La escasez no frena al sistema: lo vuelve más voraz.
⸻
✦ Cuando la plata no alcanza, el mercado no se detiene
La falta de dinero no genera pausa.
Genera estímulo.
Ofertas permanentes, precios fragmentados, objetos cada vez más baratos, promesas de alivio inmediato. No para resolver necesidades reales, sino para sostener un modelo que funciona mejor cuando nada dura demasiado y todo pide reemplazo constante.
En ese escenario, comprar barato no es una decisión libre.
Es una respuesta inducida.
No porque falte criterio individual, sino porque el sistema está diseñado para que elegir distinto cueste más energía, más tiempo y más desgaste mental.
⸻
✦ El deseo también está capturado
No comprar más no es falta de deseo.
Es una forma de defensa.
Porque hoy el deseo no aparece limpio ni espontáneo. Está capturado por la urgencia, por la comparación constante, por la sensación de atraso permanente. Siempre hay algo que falta, algo que quedó viejo, algo que habría que corregir, actualizar o reemplazar.
El mercado no vende objetos.
Vende corrección.
Corrección del cuerpo.
Corrección del estilo.
Corrección de la identidad.
Y cuando todo parece corregible, quedarse con lo que ya se tiene empieza a sentirse como un error.
⸻
✦ Comprar menos no es resignación
Comprar menos no es renunciar.
Es elegir con qué convivís.
Elegir menos implica aceptar algo incómodo: que no todo lo disponible es necesario, que no todo lo accesible es conveniente, que no todo lo que se ofrece es una oportunidad.
Elegir una prenda que dure no como gesto moral ni como pureza ideológica, sino como decisión práctica.
Un objeto que no pida reemplazo inmediato.
Algo que acompañe el uso real, el cuerpo real, el paso del tiempo.
Porque el tiempo también es un recurso.
Y también se gasta.
⸻
✦ El costo no desaparece: se traslada
Cuando todo es barato, rápido y descartable, el costo no desaparece.
Se corre.
Se corre al futuro.
Se corre al cuerpo.
Se corre al cansancio mental de estar siempre empezando de nuevo.
Reemplazar rápido, acumular sin usar, sentir culpa, volver a comprar. No como capricho, sino como consecuencia lógica de un sistema que necesita rotación constante.
Después, paradójicamente, ese mismo sistema deposita la culpa en quien consume. Como si las decisiones se tomaran en igualdad de condiciones. Como si no hubiera una estructura diseñada para confundir, agotar y acelerar.
⸻
✦ Resistir en pequeño también es posicionarse
No comprar más —o no comprar igual— no es una épica personal.
Es un gesto mínimo de lectura.
Leer la oferta.
Leer la trampa detrás de la promesa.
Leer el contexto antes que el impulso.
No todo lo que se ofrece es una oportunidad.
A veces es una trampa bien iluminada.
Elegir menos puede ser una forma de cuidado: del cuerpo, del tiempo, de la energía mental que se agota cuando todo exige reposición constante.
⸻
✦ Cuidarse no es neutral
En un contexto de crisis sostenida, cuidarse no es un gesto ingenuo ni apolítico.
Cuidarse implica decidir qué entra en tu vida y qué no.
Qué sostenés.
Qué dejás pasar.
Y hoy, en un sistema que necesita consumo constante para sobrevivir,
elegir menos también es una forma de posicionarse.
No desde la pureza.
Desde la lectura.
⸻
La moda habla.
Yo solo la traduzco.

