LA CONTRADICCIÓN EN LA MODA: QUÉ SE DICE, QUÉ SE CALLA Y QUIÉN PUEDE HABLAR

La sostenibilidad como discurso, la estética como excusa y la política silenciosa detrás de cada

Hay una frase que se repite cada vez más:
“la moda está cambiando”.

Pero cuando miramos con un poco más de atención, entendemos que la moda no cambió tanto:
solo cambió el modo en que se cuenta.

Hoy la sostenibilidad se volvió tendencia, la diversidad se volvió estética, la inclusión se volvió narrativa y la conciencia se volvió marketing.
Pero detrás del discurso, la estructura sigue funcionando igual:
los mismos intereses, los mismos cuerpos, las mismas voces, los mismos silencios.

No todas las creadoras hablan desde el mismo lugar.
No todas pueden decir lo mismo.
Y, sobre todo, no todas tienen permiso de incomodar.

✦ La sostenibilidad como maquillaje

La palabra “sostenible” se volvió un comodín.
Sirve para campañas, para vender cápsulas, para limpiar imagen, para suavizar prácticas que en lo profundo no cambian.

Hay creadoras que hablan de sostenibilidad mientras reciben fast fashion todas las semanas.
Hay marcas que hablan de conciencia mientras lanzan cientos de productos por mes.
Hay discursos que promocionan “cuerpos reales” pero muestran los mismos tres cuerpos de siempre.

No es odio.
No es juicio moral.
Es la realidad de un sistema que aprendió a usar el discurso correcto para seguir funcionando igual.

La sostenibilidad sin límites es marketing.
Y el marketing sin coherencia es ruido.

✦ Lo que se puede decir depende de lo que se puede perder

Hablar de moda es fácil… hasta que decís algo incómodo.

Ciertas creadoras pueden hablar sin filtro porque no le deben nada a nadie.
Otras no pueden nombrar ciertas cosas porque tienen acuerdos, invitaciones o contratos que sostener.

No es lo mismo hablar desde la libertad que hablar desde el algoritmo.
No es lo mismo hablar desde un showroom que desde un taller de costura.
No es lo mismo hablar desde un cuerpo hegemónico que desde uno que la moda no celebra.

La independencia incomoda.
La independencia cuesta.
Pero también legitima.

✦ Las contradicciones que todas tenemos

Todas tenemos contradicciones.
Todas usamos algo que no es 100% sostenible.
Todas alguna vez compramos desde la emoción, la ansiedad o la necesidad.

El problema NO es contradecirse.
El problema es no reconocerlo.

La honestidad también es política.
La transparencia también es sostenibilidad.
El origen del discurso también importa.

Una creadora que reconoce sus tensiones es más honesta que una que se muestra perfecta.

✦ Quién puede hablar… y quién puede influir

Este es el punto incómodo:

No todas las voces tienen el mismo acceso.

Algunas pueden equivocarse sin consecuencias.
Otras viven bajo vigilancia estética constante.
Algunas pueden arriesgar.
Otras no tienen ese permiso cultural.

La moda tiene jerarquías.
Aunque nadie lo diga, se nota.

Por eso algunos discursos pesan más que otros.
No es talento: es estructura.

✦ La contradicción como punto de partida

En vez de ocultarla, hay que entenderla.

La creatividad popular, la moda de barrio, la estética cotidiana, la ropa que dura, la que pasa de mano en mano, la que se hereda y se resignifica…
todo eso es más sostenible que cualquier discurso perfecto.

La moda no necesita pureza:
necesita contexto, sinceridad y memoria.

✦ Al final, la moda revela más de lo que oculta

Revela quién tiene acceso.
Quién puede jugar.
Quién puede romper reglas.
Quién puede hablar sin pedir permiso.

Revela que la estética es política.
Que el consumo es emocional.
Que la identidad se construye entre lo que tenemos y lo que nos falta.

Y ahí aparece la pregunta verdadera:
¿desde dónde hablás?
Porque ese “desde dónde” es lo que hace que tu voz tenga peso.

La moda habla.

Yo solo la traduzco.

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