Porr qué el estilo no es democrático – y nunca lo fue
Daiana Cáceres
Hay una idea muy instalada en redes:
la de que “cualquiera puede tener estilo”.
Suena lindo, suena inclusivo, suena aspiracional.
Pero es una verdad a medias.
Porque el estilo, en un país atravesado por desigualdades históricas, no depende solo del gusto, la creatividad o la personalidad.
El estilo —ese que se ve, se percibe y se reconoce— está profundamente marcado por la clase, el acceso, el contexto y la posibilidad material de construir una estética propia.
No se trata de romantizar la desigualdad.
Se trata de nombrarla.
Porque sin nombrarla, cualquier discurso sobre moda se vuelve una ficción.
⸻
✦ Estilo permitido vs estilo vigilado
En las ciudades —y especialmente en Buenos Aires— existen dos grandes experiencias estéticas:
- El estilo permitido
Ese estilo que se celebra, se aplaude, se viraliza.
El que tiene permiso de ser disruptivo sin ser castigado.
El que habita los barrios donde lo diferente se tolera.
El que se mueve entre eventos, shoppings, coworkings, cafés “instagrameables”.
A ese estilo se le dice “creativo”.
Aunque sea simplemente una estética importada, repetida, segura.
- El estilo vigilado
Es el estilo de quienes no tienen ese mismo acceso.
El estilo que se mira con sospecha.
El que se juzga rápido.
El que no tiene permiso de probar, de experimentar, de fallar.
A ese estilo se lo llama “grasa”, “cargado”, “incorrecto”, “sin gusto”, aunque muchas veces venga de una creatividad auténtica, popular y profundamente propia.
La diferencia no es estética:
es clase.
⸻
✦ La estética como territorio social
La ropa no es solo ropa.
Es un código.
Un mapa.
Un indicador de dónde venís, qué oportunidades tuviste, qué mundos habitaste.
Por eso no todas las personas pueden experimentar el estilo con la misma libertad.
Hay quienes se pueden vestir “mal” y es cool.
Hay quienes se visten “igual” y son juzgadas.
Hay quienes pueden mezclar prendas sin que nadie cuestione nada.
Hay quienes si mezclan, “no saben combinar”.
Hay quienes pueden cambiar todo su estilo de un día para otro sin consecuencias.
Y hay quienes si cambian apenas un detalle, reciben comentarios, miradas o burlas.
La moda vende libertad,
pero la vive quien tiene permiso de ser libre.
⸻
✦ Cuando la clase define el qué y el cómo
La clase determina:
• qué podés comprar,
• qué podés heredar,
• qué podés explorar,
• qué te permite tu barrio,
• qué te permite tu contexto,
• qué se espera de vos,
• y qué se te prohíbe simbólicamente.
Una persona puede tener un sentido estético brillante,
pero si vive en un contexto donde destacarse es peligroso,
esa creatividad queda censurada por supervivencia, no por falta de estilo.
El estilo no es democrático.
La libertad estética tampoco.
⸻
✦ El estilo popular existe (y es vanguardia)
La moda hegemónica suele mirar hacia afuera: París, Nueva York, Tokio.
Pero la creatividad real —la que no se compra, la que surge por necesidad— aparece en los barrios, en las ferias, en los cuerpos cotidianos.
La moda popular argentina tiene fuerza, memoria, identidad.
Es esa moda que no necesita validación internacional porque nace del ingenio.
Del reciclado.
De la ropa heredada.
De mezclar marcas sin culpa.
De vestir con lo que hay, no con lo que “se supone” que deberías tener.
Pero esa moda no tiene la misma legitimidad cultural,
porque no viene de la clase que define qué es “bueno gusto” en Argentina.
⸻
✦ Estilo no es consumo: es mirada
Tener estilo no es comprar.
Tener estilo es mirar.
Es saber leer tu cuerpo, tu historia, tus recursos, tus posibilidades.
Es encontrar belleza en lo que tenés, no esperar a que la traiga una marca.
El estilo real se arma con:
• ropa heredada,
• ropa de feria,
• ropa vintage,
• ropa que dura,
• ropa que transforma,
• ropa que te acompaña,
• ropa que cuenta tu historia.
Por eso, muchas veces, quien tiene menos recursos tiene más estilo.
Porque tiene creatividad forzada:
la mejor de todas.
⸻
✦ La moda siempre revela quién tiene permiso
Y ahí está la verdad incómoda:
La moda habla
Yo solo la traduzco


