Cuando la moda exige adaptación constante y el cuerpo queda como territorio de corrección
Hay algo que la moda repite cada temporada, aunque no siempre lo nombre:
la idea de que el cuerpo debería cambiar.
Cambiar de tamaño.
Cambiar de forma.
Cambiar de presencia.
El cuerpo, sin embargo, no responde al calendario de lanzamientos.
No se ajusta al ritmo de las temporadas.
No se transforma con la misma velocidad con la que cambian las siluetas.
Pero la moda insiste en tratarlo como si lo hiciera.
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✦ El calendario que no le pertenece al cuerpo
Un mes hay que achicar.
Otro mes hay que exagerar.
Después marcar, esconder, redefinir.
La ropa cambia.
Los discursos cambian.
Las imágenes cambian.
El cuerpo queda en el medio, forzado a adaptarse a un movimiento que no controla.
No se trata solo de estética.
Se trata de ritmo.
Un ritmo impuesto que convierte al cuerpo en una superficie de ensayo permanente, siempre evaluable, siempre susceptible de corrección.
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✦ El mensaje que acompaña a la prenda
El problema no es la ropa en sí.
Es el mensaje que la acompaña.
Cuando vestirse se convierte en una tarea constante de mejora, lo que se instala es una idea silenciosa pero persistente: que el cuerpo, tal como es, no alcanza. Que siempre llega tarde. Que siempre necesita ajuste.
Ese desgaste no es visual.
Es emocional.
La exigencia no se ve en el espejo.
Se acumula en la relación cotidiana con el propio cuerpo.
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✦ Vestirse podría ser otra cosa
Vestirse podría ser abrigo.
Podría ser presencia.
Podría ser una forma de acompañarse sin castigo.
Pero para eso hace falta frenar.
Frenar la lógica de adaptación constante.
Frenar la idea de que cada temporada trae una nueva deuda corporal.
Frenar el mandato de corregirse para encajar.
Elegir ropa que no duela, que no exija transformación permanente, que no convierta cada día en una evaluación, también es una forma de decir basta.
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✦ El cuerpo como territorio, no como proyecto
El cuerpo no es un proyecto en obra eterna.
No es una falla a corregir.
No es un antes que necesita un después.
Es territorio.
Territorio vivido, atravesado, cambiante por razones propias: edad, experiencias, salud, deseo, historia. No por tendencias.
Tratar al cuerpo como territorio implica otra relación con la ropa.
Una relación menos punitiva.
Menos correctiva.
Más consciente del uso real y del habitar cotidiano.
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✦ Cuando la moda deja de acompañar
Hay un punto en el que la moda deja de acompañar y empieza a exigir.
Exigir ajuste.
Exigir transformación.
Exigir rendimiento corporal.
Ahí es donde vestirse deja de ser una herramienta y se vuelve una carga.
No porque la ropa sea el problema, sino porque el sistema que la produce necesita cuerpos disponibles para ser moldeados una y otra vez.
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✦ Recuperar el cuerpo del ciclo de corrección
Decir que el cuerpo no es una tendencia no es una consigna.
Es una lectura.
Una lectura que devuelve al cuerpo su tiempo propio.
Su ritmo.
Su legitimidad sin necesidad de validación externa.
El cuerpo no necesita aggiornarse para existir.
No necesita justificarse.
No necesita ser tendencia.
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El cuerpo no es una tendencia.
Es territorio.
Y merece ser tratado con respeto, no con corrección permanente.
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La moda habla.
Yo solo la traduzco.

